Miserere Plus Ultra
Dudo mucho, de muchas cosas, soy duda, lengua de duda, dedos de duda y un pensar… una abstracción que aprendí a corta edad, entre musgos, lodo y ventanas… También tengo muchas certezas en el corazón como témpanos de verdad, pero de todas la certezas no cabe hablar. Mas hay una, clara como las aguas diáfanas de mares que no se si existen ya, y es: que nadie me conoce como tú. Será por esa misteriosa y sublime existencia de un invisible cordón umbilical que jamás se puede cortar… De una forma tan placentera como espeluznante aciertas en tus cándidos juicios. Bueno, malo, sucio, limpio, peor, mejor... De una manera profética San Agustín suspiró a mis oídos, para redundar en una profecía ya cantada por ti hace muchos años, y de la cual seguramente ni te acuerdas… ¿Tu opinión? ¿Filtrada por el amor? ¡Pero si es la única opinión que debe valer! Es el único filtro que siempre debemos tener entre nuestros ojos y el mundo, como un par de gafas inmediatas, permanentes. Tu opinión no me importaría si no estuviera polarizada por el amor. Al fin y al cabo el amor y la belleza son la bencina que mueve esta gran maquinaria llamada que nos rodea.
Con la parsimonia de un colibrí he caminado por muchos chaquiñanes y más me quedan por caminar, por hacer con un machete o con una sierra eléctrica, o quizás con un desconocido instrumento que invente yo gracias a esta mezcla de banderas que llevo en las entrañas. Pero he caminado cojo, herido, frugal, pomposo, cegado por los espíritus de Narciso, por ángeles y demonios, como tú, como todos… Y tal como he caminado son mis palabras: cojas, heridas, frugales, pomposas, narcisistas, humanas… Sin embargo, mi propósito siempre ha sido sensato, siempre fundado en una intrínseca curiosidad, tan inevitable como la de Simbad por el mar. Debo decir aquí que me siento infinitamente alagado por todo lo que me dices, siento que tal vez un poco de mi lejana intención sí se riega sobre mis paupérrimos relatos. También siento mucha verdad en lo que escribes, verdad verdadera, desinteresada, melancólica. La literatura para el escritor es el atezado espejo de su vida. Más allá de la temática de sus relatos, de los irrelevantes hechos que arrastran al hombre, es un espejo en cuanto a la literatura en sí, a su forma, a su esencia. Por lo cual, es absolutamente imposible encontrar todo un hombre en un mero reflejo. En el único lugar que siempre me vas a poder encontrar es en mis ojos. Siempre en el títere se podrán encontrar aspectos y vestigios del titiritero, mas al titiritero solo se lo encuentra bis a bis, en su casa, tomando un café, leyendo el diario por la mañana, o llorando sólo en su cuarto por la noche, con todos los títeres escondidos bajo la cama.
Enrique Pallarés H.
Granada, 09 de Abril de 2010
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